Nociones sobre Dr. EDWARD BACH

Dr. EDWARD BACH, el de las esencias florales

El Doctor Británico Edward Bach nace en 1886, y muere en 1936 con la edad de 50 años. Hijo de una familia ben estante, estudia medicina clásica (alopática) y se convierte con el tiempo, en un médico brillante.

Es llamado a los hospitales de campaña en la guerra del 1914, la llamada primera guerra mundial; que desgraciadamente deja muchos muertos y heridos. Del frente en Francia llegan los heridos a Inglaterra y son atendidos en los hospitales donde Bach observa tales situaciones y trabaja como médico fervientemente.

Ahí, Bach comienza a darse cuenta de que distintos pacientes con la misma dolencia, tienen desarrollos distintos. Y se adentra en ese concepto.

Delante de un mismo mal, delante de una gripe, de una herida de guerra abierta a infecciones, delante de una mala caída, delante de una misma enfermedad cada persona se desenvuelve de formas distintas.

¿Que habrá en lo personal o individual, que hace que la enfermedad curse de forma distinta en cada personas?  El carácter y la forma de ser tienen que ver en como la enfermedad se desarrolla en el ser humano.

Estas ideas le hacen acercarse a la homeopatía, y después de estudiarla a fondo, se convierte en un homeópata brillante.

Sabido es que la homeopatía nació con Hahnemann por allá cercano al año 1794, es decir, un siglo antes de que Bach se interesara por dicha disciplina. Con la idea de lo similar cura lo similar, es decir, la sustancia que cura es la sustancia que hizo enfermar.

Después de unos años de ejercer como médico homeópata, en el año 1928, decide cerrar su consulta de Londres e irse a buscar una forma de sanación que sea pura y limpia. Y ahí es cuando empieza a definir las esencias florales. Rechaza trabajar con remedios, quiere trabajar desde algo que posibilite desarrollar la virtud necesaria para superar el mal en el que el paciente se encuentra.

Para simplificarlo, podemos decir que si uno siente miedo y lo somatiza en una dolencia, la cura no pasa por un remedio que le quite el miedo o la dolencia sino en empoderar al individuo con valentía, que es lo que hace superar el miedo.

Otro ejemplo, si uno está envenenado con el odio, se podría tomar Holly, una de las flores de Bach; que no sacaría el odio de la persona, sino que le ayudará a conectar con el amor, que es algo mucho más elevado que el odio. La esencia de la flor de Holly permite la posibilidad de sacar la grandeza del amor que cada uno lleva dentro, que es distinta en cada persona.

Esto implica que cada persona puede “decidir” (aunque fuera un proceso subconsciente) si quiere o no sacar su amor o su valentía propios delante de las circunstancias vitales a las que se enfrenta en ese momento.

A lo aprendido con la homeopatía, Bach añade un concepto clave, el arquetipo: es una idea, una biografía, una constelación, un patrón que se manifiesta en el mundo humano, en el arte y en la naturaleza (el pobre, el príncipe, la reina, el guerrero, la bruja, el Peter Pan, la víctima, el líder…). Ese patrón se repite en el arte y la literatura de la historia de la humanidad, muy estudiada y muy compleja.

Los arquetipos habitan en nosotros, en lo que Gustav Jung llama: el inconsciente colectivo. Cuando se toma la esencia, se pone uno en contacto con ese arquetipo. Cada uno de los arquetipos contienen una totalidad, a modo de ejemplo una polaridad: solo puede amar mucho el que puede odiar mucho, arquetipo muy distinto al indiferente.

En el siguiente post hablaremos del desarrollo de cada una de las esencias, los 12 sanadores, los 7 ayudantes y los últimos 19.

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